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No logo

No logo Con motivo de la cumbre del G-8 en Japón, me ha apetecido recordar uno de esos libros que se hacen imprescindibles para intentar entender como funciona el sistema en el que vivimos. Me refiero a NO LOGO, EL PODER DE LAS MARCAS de Naomi Klein, en el que nos descubre algunos vericuetos por los que transcurre desde hace algunas décadas el capitalismo neoliberal.

En la primera parte plantea la situación de las grandes empresas multinacionales, las cuales han adquirido tanto poder que se han hecho más fuertes que los gobiernos, pero no tienen que dar cuentas a nadie excepto a sus accionistas. En esta adquisición de poder han utilizado el marketing y la publicidad para apropiarse de la cultura popular y de los espacios públicos, sobre todo en EEUU. Con esto, no han cumplido sus promesas de ofrecer alternativas variadas donde elegir, más bien al contrario, con las fusiones, las franquicias, las sinergias. . . nos han dejado sin opciones reales traicionando la propia esencia del capitalismo, que es la libertad.

En cuanto al trabajo con las deslocalizaciones, Naomi Klein nos descubre el mundo de las Zonas de Procesamiento de Exportaciones, zonas francas que ofrecen los gobiernos de los países emergentes a las grandes multinacionales, donde las condiciones laborales son de semiesclavitud, donde trabajan también niños y donde las grandes empresas no pagan impuestos ni crean riqueza ya que están provisionales y sus instalaciones se pueden trasladar en cualquier momento a alguna otra zona que ofrezca aún menores costos.

En la segunda parte del libro, la autora se dedica a exponer la oposición que se está creando alrededor de toda esta situación: hay todo un movimiento que denuncia estas situaciones y que recoge el descontento, se llama Otro mundo es posible o movimiento Altermundialista.

Como contrapunto también hay que comentar que la denuncia de todo esto ha llevado a algunas empresas a definir la Resposabilidad Social Corporativa, que es la contribución activa y voluntaria al mejoramiento social, económico y también ambiental, una vez, por supuesto cumplidas todas las leyes que existan al respecto. Aunque, como ya sabemos, generalmente el objetivo es mejorar la situación competitiva y el valor añadido de la empresa, es un nuevo horizonte que aparece, en el que ya no sólo la maximización de beneficio cuenta, sino que con la vista puesta en el medio y largo plazo las empresas empiezan a comprender que el cuidado del bienestar social y del medio ambiente al final redunda en beneficios reales y en su consolidación en el mercado.